El derecho de quejarse

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No me quejo, así me comunico

No me quejo, así me comunico

Para quienes aun no lo saben, quejarse es deporte nacional en Francia. Justificado o no, me atrevería a decir que forma parte del ADN del frenchi promedio.

Pudiera parecer inofensivo pero el hecho de “râler” (que en castellano significa renegar) es el estado permanente de muchas personas por aquí. Quejarse de todo en todos lados y por cualquier cosa: está nublado, hace calor, el tráfico… los franceses expresan la queja abiertamente sin pudor alguno, sea asunto propio o ajeno.

Al no haber nacido en la misma cultura debo decir que tanto renegamiento  me desconcierta.

¿Acaso el decidir ver el claro antes que el oscuro nos hace mejores ante los demás?

Me pregunto si el quejarse por aquí dará puntos extra… haciéndolos parecer más inteligentes, críticos, ágiles, ambiciosos, mejores ciudadanos o mejores personas…

Hace varios años que percibo la queja como una constante entre la gente de aquí y al principio me parecía hasta divertido. Después, empecé a experimentar cierta inmunidad, bloqueando mis oídos ante los habituales gruñidos ajenos (que no respetan hora ni edad) poniendo mis ojos en blanco al escuchar reniegos sobre cosas a mi criterio irrelevantes.

Así me la llevaba hasta que escuché decir a alguien que “el no quejarse refleja falta de carácter”.

Dicho razonamiento me provocó bastante incomodidad pues me sentî completamente aludida al considerarme alguien que trata de verle el lado bueno a las cosas (la mayoría del tiempo) y quien según algunos se queja poco o casi nunca.

Hoy conozco las razones por las cuales no estoy de acuerdo y no, no es la resignación mexicana la que habla.

Desde mi perspectiva, la falta de carácter es no llevar a cabo las acciones necesarias para cambiar algo que nos molesta. Dejar que sea la marea la que marque el rumbo en lugar de hacerlo uno mismo.

Para mí, la fortaleza de carácter no se refleja necesariamente vociferando las 24 horas a la menor provocación. Expresar la inconformidad a través de diarrea verbal (contaminando de paso el entorno) no sirve de nada si no se llevan a cabo las acciones necesarias para cambiar lo que nos molesta.

¿Demasiado tráfico? Levántate más temprano, ¿No te gusta el clima? Quítate o ponte ropa, ¿No quieres hacer algo? No lo hagas, hazlo sin quejarte o busca la manera de no volverlo a hacer. En pocas palabras, creo que hay que anticipar y ser creativos con soluciones a largo plazo en lugar conformarse con el alivio efímero que provoca la queja pasajera.

Manifestar las inconformidades ha dado paso a las grandes luchas sociales que se llevaron (y se siguen llevando a cabo) en este gran país: ¡cierto!. Más vale afuera que adentro ¡correcto!.  Y sí, quejarse constituye un ejercicio saludable cuando la queja está respaldada por una acción, de lo contrario se vuelve pura exhalación de dióxido de carbono.

Mensaje para los frenchis de mi parte “Quejarse por todo no refleja la falta de carácter sino el tener un muy mal carácter” ahí se las dejo.

“Râler pour tout et n’importe quoi ne reflète pas la manque de caractère… mais plutôt le fait d’avoir un sale caractère” (Helenistica)

@helenistica


Objetivo: Ser catalizadores de emociones

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¿Cómo controlar la propia reacción ante los efectos nocivos del medio que nos rodea?

arbolito

En un mundo ideal, los seres humanos seríamos como los árboles. Sí, así como éstos nobles seres convierten las toxinas presentes en el aire en nuestro combustible vital, las personas deberíamos a su vez, ser catalizadores de la mierda los factores externos transformándolos en amor, energía, bienestar… de manera automática y meramente natural.

Es como si cuando estás atorado en el tráfico y el del coche de atrás te suena el claxon de manera grosera y provocadora tu sacaras la cabeza por la ventana y le dijeras de manera auténtica y sin sarcasmo: “qué tengas un bonito día guap@” (guiño de ojo incluido 😉 )

Como cuando estás fatigado y en el transporte público alguien se te adelanta y te gana el asiento que por prioridad te tocaba y acabaras diciéndole a ést@ de manera sincera: No te preocupes, me gusta ir de pie aunque esté cansad@ hasta las orejas”

A ver, que levante la mano quién no se haya encontrado en el momento equivocado para recibir los daños colaterales del mal carácter de una persona, un hecho fortuito o cualquier situación que obligue a “pagar el pato” (entiéndase las consecuencias) cuando, como se dice en México “uno no tenía ni vela en el entierro”.

Definitivamente no existe bola de cristal para anticipar, ni burbuja para protegerse de los radicales libres o psicópatas que terminan mermando de alguna manera nuestro ánimo,  alterando nuestra armonía y buena ondez. Sin embargo, algo debe estar en nuestras manos para poder lidiar con este tipo de situaciones y salir lo menos afectados posible.

Aquí mi humilde (pero no exhaustiva) lista de consejos aplicados y funcionales pero que, si alguien que pase por este espacio desea incrementar, agradeceré comente el post, ya que la humanidad entera le será reconocedora.

En el momento del suceso se necesita una salida rápida, una pausa para retomar la calma para no dejarse embarrar ni contaminar por el resto del día, yo por lo tanto recomiendo:

–          Alejarse de la escena y salir a tomar el aire (o ya mínimo trasladarse a un espacio privado). Si esto no es posible, favor de cerrar los ojos y ponerse los audífonos.

–          Concentrarse en observar la propia respiración, una y otra vez por al menos 5 minutos o el tiempo que sea necesario para retomar la tranquilidad y filtrar la sensación desagradable.

–          Salir a caminar o si no es posible realizar una serie de estiramientos: girar la cabeza (y extremidades), agacharse y estirarse intentando tocar el techo con los dedos.

–          Escuchar música clásica, o que favorezca la relajación (la música de Reiki es formidable). Recomiendo crear una playlist para emergencias como ésta.

–          Mi hermana me comentó una vez que a ella le es útil poner la mente en blanco e imaginar los escenarios más locos y agradables como “Qué haría yo si me ganara el Melate/Euromillion, la tía abuela bailando en falda hawaiana etc.).

–          Recordar una experiencia cómica, del estilo de un “chiste local” para desfogar la energía en una buena carcajada.

–          Salir a correr (entiéndase hacer deporte) puede ser muy útil, aunque esta alternativa puede no ser inmediata en el momento en el que sucede el inconveniente.

–          Hablar al respecto con alguien de confianza (Esto no lo recomiendo a menos que se tenga algo procesada la emoción pero es cierto que puede ser bueno estar acompañado aunque no estoy a favor del todo pues creo puede generar co-dependencia pero repito, todo depende de las circunstancias).

–          Escribir al respecto (esto siempre ayuda, cuando se tiene la facilidad de expresar por escrito lo que se siente, de lo contrario se puede llegar a desarrollar esta capacidad). El ejercicio de la escritura nos ofrece la alternativa del desfogue anónimo sin preocuparse de juicios externos. Este íntimo encuentro con uno mismo permite poder leer lo escrito posteriormente y así poder uno mismo analizar y procesar de manera “fría” la reacción.

–          Algunos recomiendan golpear cojines, gritar, hacer oración, las alternativas son variadas pero se ajustan a lo que a cada quién le acomode mejor siempre y cuando no pongan en peligro y/o constituya una salidas falsa para evadir la realidad y favorezcan una dependencia.

Yoga cat

Definitivamente en algún momento del ciclo educativo el enseñar a controlar la respiración para llegar a un estado de relajación debería ser parte de las asignaturas como lo son aritmética y geografía. El control del estrés y las emociones son absolutamente indispensables para hacer frente a los desafíos de nuestra época.

Yo quise hacer una reflexión sobre el tema ya que, sin deberla ni temerla, me vi impactada por los cambios de ánimo de una colega de trabajo al tener diez minutos de haber llegado a la oficina… Es cierto que no podemos escoger a las personas o las situaciones que forman parte de nuestro entorno pero es seguro que podemos intentar controlar o procesar mejor la manera de reaccionar ante ello.

La madurez de una persona se mide por la capacidad que tiene para poder aceptar sus errores (reconocer su responsabilidad ante los mismos) sin necesidad de estar atribuyéndoselos al destino, a las circunstancias o a otras personas.

Espero este post sea de utilidad.

Feliz y relajado camino :)

Meg