En México se habla -mexicano-

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La primera vez que escuché el término “hablar mexicano” fue en el año de 2006, visitaba por primera vez Europa y me encontraba en la Piazza di Spagna en Roma, Italia.

Desconozco si suceda a alguien más pero al menos a mí, cuando estoy en un país con un idioma diferente al mío,  el oído se me agudiza al percibir apenas alguna palabra en mi lengua materna.

En medio de aquel barullo de idiomas a la caída de la tarde, atrajo mi atención una pequeña niña (con notorio acento español) que curiosa preguntaba: “Mamá, ¿qué quiere decir güera?” A lo que la madre respondió con una seguridad que me dejó casi boquiabierta: “Güera es rubia en mexicano”. Entonces yo me sorprendí y hasta llegué a pensar: “Ah pero cómo es posible que diga tal cosa… en México también hablamos español y NO mexicano”.

Ha pasado algún tiempo desde entonces y debo confesar que continuo sabiendo de extranjeros que preguntan si en México hablamos mexicano… y, después de conocer gente de varios países hispano-parlantes como Argentina, Colombia, Venezuela, Bolivia y Perú hoy comprendo mejor la naturaleza de la pregunta, y me permito decir abiertamente (esperando no sonar chovinista) que el español de México es todo un tema en sí mismo.

El español que se habla en México encierra un conjunto de expresiones, sintaxis y palabras (sin dejar de lado la picardía del albur) que entrañan una manera de ver la vida, una diferencia que va más allá de una cuestión de acento.

Por eso debo reconocer que aquella dama española no estaba nada equivocada al decirle a su hija que en México se habla mexicano.

Buen camino,

Meg


Bienvenid@ al club de los intolerantes

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grumpy-cat

Desde hace algún tiempo he llegado a la conclusión de que un mínimo de civilidad y organización son indispensables para poder vivir en cualquier sociedad. Se puede llegar incluso a comprender que existan circunstancias fuera del propio control y esto hasta aquí es aceptable pero, ¿qué pasa cuando sí se puede hacer algo al respecto? es decir, cuando se elije no conformarse y tomar el incómodo camino de la queja.

Y es que a los mexicanos no nos gusta quejarnos.

Podemos echar madres pestes pero a la hora de la verdad, es decir, cuando hay que hacer algo al respecto, simplemente solemos evadir. Quejarse es algo que no va con nuestra filosofía de vida “cool y buena onda”. Siendo honestos, hacerlo de la manera correcta requiere tiempo. Para bien o para mal, hasta terminamos encontrándole algo positivo a la situación, nos resignamos y continuamos.

Probablemente es un mecanismo de defensa para estresarnos menos y ser más felices… quién sabe.

Pero el caso es que hace tiempo yo ya no puedo evitar no sólo “ver el prietito en el arroz” sino hasta quejarme con la cocinera.

Cuando no recibo un servicio o producto por el cual pagué (primero trato de informarme según aplique) hago llegar mi queja con la persona adecuada hasta que se resuelve el problema. Esto puede sonar muy lindo pero la cosa es que uno termina volviéndose algo cuadrado y percibido como intolerante.

Así es, no tengo siquiera treinta años y a veces ando sintiéndome como la señora de los gatos: criticona, exigente y gruñona (con todo respeto para las damas de +70 que leen este blog). Cabe precisar que en ningún momento soy grosera eh, dejemos eso muy claro. Es sólo que uno cambia: se vuelve cuidados@ del propio tiempo y del de los demás, respetuos@ de su espacio y del de otros. A mí me gusta llamarlo civilidad, pero lo cierto es que si uno  no se controla puede ser asfixiante (para uno mismo), llegando incluso a no estar contento en ningún lado porque, siendo realistas, siempre habrá algo o alguien que no comparta los mismos estándares/valores que uno.

Decidí contarle estas ondas a una amiga que lleva tiempo viviendo por estos lares; ella me escuchó paciente, y cuando terminé de hablar, me dice: “¡Felicidades! después de 4 años en Francia algo se te tuvo que haber pegado… recuerda que aquí quejarse es deporte nacional”… dicho esto no supe si reir o llorar, no quiero que mi felicidad se escape en forma de quejas. Usted opine.

Senora-de-los-gatos

Lindo y feliz camino :)

Meg

 


Parisina style

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Audrey Hepburn - Déjeuner chez Tiffany

El estereotipo de la mujer parisina es de glamour, lujo y seducción. Aunque haya más de leyenda que de cierto en ello, después de observar con atención, he descifrado que el estilo parisino es una equilibrada combinación de practicidad y prendas clásicas a prueba de fallos, pero eso sí, siempre con una nota de elegancia. Me dispongo a compartir aquí las claves del vestir de la mujer parisina promedio.

Parisina

 

- El negro – le noir, color por excelencia:

Muchos afirman que transmite elegancia, en mi opinión, la elegancia es una cuestión que va más allá del color (para muestra las italianas ataviadas con colores claros). Lo cierto es que el negro guarda un fuerte lazo con el código de vestimenta parisino, predominando sin importar la hora o la temporada (para corroborar la magnitud del impacto, recomiendo echar un ojo a: Mi primera vez).

Sin lugar a dudas el negro es muy socorrido debido a su practicidad: combina con todo, no se le nota la mugre, transmite sobriedad y a todos hace lucir más delgados. El gris y el azul marino son colores que al igual que el negro, pueden usarse todo el año sin problemas.

- Las balerinas – les ballerines, un clásico total:

A mi llegada fue desestabilizador el tener que resignarme a dejar guardados los tacones en el closet (soy modelo compacto). Con el tiempo se comprende que es una medida a tomar si no se quiere parecer pollito espinado o suicida en las escaleras del metro.

Por ello les ballerines constituyen la solución ideal: coquetas, femeninas, cómodas, en todos los colores y composiciones.  Y, para las que no se resignan al zapato de piso, siempre estará disponible el calzado de tacón pequeño y/o compensado… (O el llevar los tacones de Miss Universo guardados en la bolsa :P ).

- La gabardina – la Trench :

Esta prenda no es un abrigo, no es un sweater ni tampoco un impermeable pero resulta imprescindible pues es ligera, protege de la lluvia y del fresco de las noches parisinas. Se usa bastante durante la primavera, verano y el inicio del otoño.

- El Bolso – le sac à main “Longchamp”:

Cuando llegué a Paris, no cabía en el asombro de ver tantas mujeres con estos bolsos. Cada vez que salía me dedicaba a llevar la cuenta de los que veía por las calles (no es broma). No me explicaba la popularidad de un modelo en particular: aquel sin divisiones en el interior, hecho en nylon (¡!), que lo único que tiene en piel son las asas y una pequeña cobertura decorativa con un perro galgo y que además cierra con un simple zipper (¡!)…

Después de tres bolsos he descubierto el porque. Este modelo, creado en 1993 por la tradicional Casa Longchamp, llegó a venderse a razón de un ejemplar cada 15 segundos. El mismo se ha vuelto casi una insignia de la parisina promedio debido a su practicidad: fácil limpieza, forma sencilla (profundo interior) puede plegarse, cuenta con un cierre que protege totalmente su contenido y disponible en una gran cantidad de simpáticos colores.

Claro que no son los únicos bolsos, hay de todo como en cualquier lugar (en piel, sintéticos, de lujo) PERO se tiene que reconocer la presencia de marca y el acierto que tuvo LONGCHAMP con ese modelito.

-Las medias – les collants:

Hace algún tiempo escuché a una reconocida comunicóloga mexicana decir que las medias estaban pasadas de moda… inmediatamente pensé: NUNCA en Paris.

Aquí pueden usarse la mayor parte del año, debido a que protegen del fresco y hasta me atrevo a decir que es también porque ayudan a disimular los “petits poils” (vellitos) hasta el momento oportuno para hacerse la depilación. Recordemos que la parisina es practicidad ante todo.

Aliadas de la minijupe (minifalda), debo hacer hincapié en que el dominio de las medias es todo un arte: que va desde la manera de ponerlas correctamente hasta no romperlas durante el día; y sí, en mi opinión, el usarlas hace sentir de inmediato cierto aire de femme fatale (mujer fatal) ;)

El paraguas- le parapluie:

También conocido como “sombrilla”, esto claro dependiendo del lugar donde se utilice, y como en Paris hay más lluvia que sol, lo dejaremos en parapluie (paraguas).

En Paris siempre se debe traer uno en la bolsa pues la lluvia forma parte del diario vivir, el clima es sumamente cambiante. Nada de modelos enormes como el de “El Pingüino” en Batman. El paraguas debe ser plegable y caber en el bolso más diminuto.

-La mascada – le foulard:

No, no es tener complejo de Audrey Hepburn ni aires de grandeza. La foulard es una prenda básica cuya función es proteger el cuello de las corrientes de aire, de los cambios de temperatura a lo largo del día (no de quitar el frío). Esto es completamente comprensible pues el viento siempre está presente en las escaleras del metro o al andar por las calles.

- El cabello – les cheveux:

Aquí es raro ver personas con el cabello mojado por la mañana. En general, muchas parisinas tienen el hábito de ducharse la noche anterior (supongo que es para ganar unos minutos más de sueño), de usar secadora de cabello o de no lavar éste a diario (ese es otro tema que, debido a su polémica, trataremos en otra ocasión).

Una cosa es definitiva, la regla no escrita sobre el cabello en Paris es -NO peinarse de relamido como abanderada de la escolta-.

Al cabello se le deja ser y punto. Si se lleva recogido, se dejan mechones fuera de lugar (borditos) de manera intencional, el volumen es algo anhelado en las melenas. Desde la tierna infancia, las pequeñas llevan el cabello suelto y no les exigen ir peinadas con kilos de gel, como si hubieran metido la cabeza en la boca de algún león. El cabello no es percibido como sinónimo de insurrección, como sucede en algunos sistemas educativos de otras culturas (me atrevo a decir).

- Lo que nunca se verá en Paris:

Pants para hacer ejercicio como outfit cuando NO se va a hacer ejercicio. Es común ver en EUA o México a mujeres maquilladas o con el cabello arreglado pero vestidas en conjunto de pants y jersey para salir a hacer compras o para transmitir un aire relajado.

En Paris no es el caso, y si se desea andar en ropa cómoda para salir a realizar dichas diligencias, se escoge otro tipo de ropa pues los pants NO aplican para salir de casa si no es para salir a hacer ejercicio.

 

Algunos se desilusionan al llegar a Paris y percibir el vestir opaco de la mayoría, cuando la ciudad es concebida como uno de los íconos de la moda, cuna de grandes diseñadores. Aunque se pueden ver much@s “vestid@s a la última tendencia” la sorpresa llega al descubrir que gran parte son turistas orientales :) .

La parisina que VIVE de planta en la ciudad, no la turista ni la bloguera de moda, sabe que su vestir debe permanecer práctico, permitiéndole desplazarse en bicicleta (o moto), hacer largas caminatas, subir o descender escalones sin problema. Ella busca guardar un estilo propio pero siempre cuidando de no llamar la atención demasiado.

Lo mágico es que siempre impregna en su vestir su sello personal, llevando en sí misma, quizás sin saberlo, prendas que han permanecido a través del tiempo, belleza y un aire nostálgico que resulta encantador.

Meg


La importancia de saber decir NO

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Culturalmente a los mexicanos, nos es difícil decir NO. Muchos podrán jactarse de ser directos, de no tener “pelos en la lengua” para decir las cosas, pero a la hora de los trancazos… la verdad es que la gran mayoría experimentamos diferentes grados de incomodidad.

Preferimos decir SI antes que decir NO. Aunque sepamos de antemano que después rajaremos anularemos. Optamos por un NO diferido pues creemos que así se siente menos.

Este rasgo cultural es debido probablemente a la manera en la que fuimos educados: asociando la negativa con el conflicto, y a los mexicanos eso de evadir el conflicto se nos da bien. A lo mejor porque nos importa el qué dirán: la opinión que el otro (el receptor del no) o la sociedad puedan llegar a formarse de nosotros.

Si nos ponemos literales, desde nuestro hablar, se percibe una incongruencia entre lo que decimos y lo que en verdad pensamos o estamos dispuestos a hacer. Por ejemplo: Estas en tu casa… (Cuando recibes a alguien por primera vez) / Mucho gusto… (Cuando no sientes gusto nada especial) / De nada… (Cuando francamente sí esperas algo a cambio) / Mande usted… (Como dando carta abierta a los deseos del interlocutor), etc. El lenguaje nos compromete de más y acabamos sintiéndonos mal por muchas veces no poder sostener eso que el formalismo nos dicta.

Pero volviendo a la situación específica de decir NO, lo más penoso es cuando se utiliza un pretexto falso para “excusarse”, y que resulta peor al toparse con personas que no entienden indirectas (conchudos, imprudentes, sinvergüenzas…) y que insisten, poniéndole solución a la excusa que anteriormente les fue dada, orillándonos a una posición todavía más incómoda: la de buscar un nuevo pretexto. Todo esto podría evitarse diciendo un NO contundente desde un inicio, con o sin explicación adjunta, importando poco lo que los demás puedan decir o pensar de nosotros.

Acaso el decir NO nos convierte en malas personas? Nos hace “mala gente”? NO! No olvidemos que nosotros también somos gente.

Aprender a decir NO de manera directa es una experiencia liberadora que debe practicarse constantemente, así se ejercita :P y saldrá cada vez más natural. Negarse puede provocar remordimientos al principio sin embargo, de no aprender a hacerlo estaremos condenados eternamente a pasar por alto a la persona más importante, con la primera que tenemos que quedar bien y que merece todo el respeto posible: UNO MISMO.

Meg


On fait une pause ? – La Pause Café

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Hacemos una pausa ?

La Pause café es un hábito característico de la cultura empresarial francesa.

Solo o en grupo… dependiendo de la cantidad de trabajo. En la intimidad del cubículo, frente a la maquinita de café o en un pequeño rincón de la oficina… en función del nivel de confidencialidad de los temas a tratar.

En torno a un pequeño vaso de café, té, agua o chocolate, los empleados ( chambeadores o no :P ) se reúnen para relajarse, intercambiar e introducir un poco de cafeína en su sistema. El objetivo es de lograr despertarse (si es en la mañana) o tratar de no dormirse (si es después de comer).

Hay que mencionar que, mínimo, los franceses hacen dos “pause-café” al día y este momento constituye todo un ritual. Se les puede ver todos reunidos, alrededor de la maquinita de café, poco importa que el café sea bueno o no… ellos podrán quejarse pero al final lo beberán, es así. Cada grupo de afinidad encuentra su momento frente a la maquinita pero, no hay que abusar,  la pausa deberá durar de 15 a 20 minutos para no ser considerada como excesiva y para no entorpecer mucho el tráfico de los demás.

Contrariamente a la cultura de trabajo mexicana, aquí no se pueden llevar tamales, gorditas, taquitos o galletas (al menos) para acompañar la bebida elegida :( . Por un mexicano podría ser percibida como “light”, desabrida o triste pero… ayuda a guardar la línea cuando menos. Los franceses, a diferencia de los mexicanos (poco importa el nivel jerárquico en la estructura de la empresa) conocen que la “pause-café” es un derecho no escrito y no dudan en hacerlo valer.

Algo que admiro de los franceses es su capacidad para relajarse, su estilo desenfadado, y que poco importa si es el jefe quién pasa –dos veces- frente a ellos mientras están haciendo la pausa.

Entonces, on fait la pause? :P

Meg

On fait une pause ?

La Pause café est une habitude caractéristique de la culture française en entreprise.

Soit en solo ou en groupe… en fonction de la charge de travail. Soit dans l’intimité du bureau, face à la machine à café ou dans un petit coin de l’open space… en fonction du niveau de confidentialité des sujets à aborder.

Au tour d’un petit verre du café, thé, eau ou chocolat les employées ( bosseurs ou pas :P  ) se retrouvent pour se détendre, échanger et introduire un petit peu de caféine dans son système.

L’objectif c’est d’arriver à se réveiller  (si c’est pendant le matin) ou ne pas du tout s’endormir (si c’est après du déjeuner). Il faut dire que, minimum, les français font deux « pause-café » par jour et c’est moment constitue tout un rituel. Vous pouvez les voir tous réunis au tour de la machine à café, pas importe que le café soit bon ou pas… ils pourraient détester le café mais à la fin ils le boivent, c’est comme ça.

Chaque groupe d’affinité trouve son moment mais, il ne faut pas y abuser, la pause devra durer de 15 à 20 minutes pour ne pas être considéré comme abusive et pour ne pas trop empêcher le trafic d’attente des autres.

Contrairement à la culture de travail mexicaine, on ne peut pas y emporter des tamales, gorditas, taquitos ou des galettes (quand même) pour accompagner la boisson choisie :( . Il pourrait être aperçue un peu « light » ou triste pour un mexicain mais, ça aide au régime quand même.

Les français, à la différence des mexicains (peu importe le niveau hiérarchique dans la structure de l’entreprise) connaissent que la pause-café c’est un droit non écrit et ils n’hésitent pas à le prendre.

Une chose que j’admire des français c’est sa capacité de pouvoir se détendre, son style décontracté, et que peu importe si c’est le boss qui passe deux fois devant eux pendant qu’ils font la pause café.

Alors, on fait la pause? :P

Meg